El instante.
Rodeados de negatividad, poseemos muchos instantes de felicidad.
Instantes que aprovechar, porque si de algo se tratase la vida, no dude; es de ser feliz.
Aprendiz, y estudiante, en búsqueda de sueños, amor y lujuria, pero felicidad.
Adentrados en infiernos con rostros y dictadura, muertos entre infamia y desprecio,
la juventud lucha por reponerse, por reponer lo dañado y por encaminar un futuro sin dudar .
Así somos, en contra de la corriente, o encima de todo, por nosotros, egoístas, simples.
Aquél instante oportuno se asoma a la ventana, el arrope no permite verlo, el deseo lo siente,
casi dejándolo ir, viéndole morir, se captura, y queda una terrible decisión, lo que gusta.
Lo que apasiona toma una pausa, hoy se abraza lo que gusta, lo que seduce, lo que sonríe.
No necesariamente un cuerpo, tal vez un arte, tal vez un poema, tal vez mi poema.
La paz roza cada poro, el estrés se ha esfumado, el instante ha comenzado.
Hoy, entre hojas, tabacos y pensamientos, vivo el instante de la juventud,
juventud anhelada, juventud llena de sueños, que viven y mueren, cambian y trascienden, pero están. Lucha permanente, instante sobresaliente. Amor, ven, amor; cuán necesario.
Tal vez sin amor era nadie, el amor para mi humanidad eran solo un par de letras, algunas fórmulas.
Instante de científico, instante de poeta; instante de vejez en juventud.
Miedos a radiar, vivencias, muchas por redactar, y solo un instante, un minuto, una pausa.
Hoy, que el arrope me entierra, decido gritar, en silencio, entre paredes blancas y silencios absolutos.
Ayer, que respirar era imposible, hoy que la vida me regala todo lo posible. ¡Gracias!, instante.
Soto Torres, Ramón Antonio
16 de septiembre.