Amor, o lo que sea...
Poco, o casi nunca, soy un ser de divagar en la incertidumbre.
Es por eso que, o voy encima contra todo o me retiro, como si nada.
He sido capaz de destruir muchos sentimientos, por capricho,
o tal vez por orgullo, ni dudarlo.
Lo he pagado con intereses, me tocó el rechazo, viví el olvido.
Entre amistades y amores sin interés, la soledad me visitó.
Comentaba que estaba pagando, que ni la bonita sonrisa, y,
mucho menos una cabellera excelente impedirían el castigo.
Así sucedió, incluso, de aquél físico, del cual ya casi ni recuerdo queda,
nada quedó. Cambió, a frío y feo. Desamparado, jovencillo.
El tiempo transcurrió sin cesar, así como el agua por el mar,
sin recuperarse, le ha tocado enfrentar, un amor que ni es real.
Último castigo, o tal vez eso parece.
Hay que mentir, sonríe y se nota, a quien le conozca, que sigue infeliz.
No consigue confianza, claramente no la hay. Es un ser vacío,
y una poca cosa no podría llenarle.
Se siente entre juegos, se siente amor.
Raramente, le miran unos ojos muy negros, parecen enamorados.
Todo lo contrario a lo que él gustaba, sin nada de robusticidad,
tenue, sensible, frágil, pero importante, parecía no tener miedo,
sus ojos no gritaban auxilio, no temía a ser roto por este grotezco.
Y qué carajos, si aún sin orgasmo ha robado mis malditos sueños,
cabrón.
No parece amor, ni siquiera se siente el deseo o la pasión,
son vivencias, problemáticas, deseosas, escondidas,
sin fruto, sin destino, asumiendo vivir.
Estos riesgos le (me) mataran, ¿Cuánto más putísima vida?
Tal parece que nací para aferrarme a los amores de versos,
a vivir de poesías llenas de desamor, a escribirle a quien no leerá,
seguramente este es el único amor que he conocido, un hasta pronto.
Es por eso que, o voy encima contra todo o me retiro, como si nada.
He sido capaz de destruir muchos sentimientos, por capricho,
o tal vez por orgullo, ni dudarlo.
Lo he pagado con intereses, me tocó el rechazo, viví el olvido.
Entre amistades y amores sin interés, la soledad me visitó.
Comentaba que estaba pagando, que ni la bonita sonrisa, y,
mucho menos una cabellera excelente impedirían el castigo.
Así sucedió, incluso, de aquél físico, del cual ya casi ni recuerdo queda,
nada quedó. Cambió, a frío y feo. Desamparado, jovencillo.
El tiempo transcurrió sin cesar, así como el agua por el mar,
sin recuperarse, le ha tocado enfrentar, un amor que ni es real.
Último castigo, o tal vez eso parece.
Hay que mentir, sonríe y se nota, a quien le conozca, que sigue infeliz.
No consigue confianza, claramente no la hay. Es un ser vacío,
y una poca cosa no podría llenarle.
Se siente entre juegos, se siente amor.
Raramente, le miran unos ojos muy negros, parecen enamorados.
Todo lo contrario a lo que él gustaba, sin nada de robusticidad,
tenue, sensible, frágil, pero importante, parecía no tener miedo,
sus ojos no gritaban auxilio, no temía a ser roto por este grotezco.
Y qué carajos, si aún sin orgasmo ha robado mis malditos sueños,
cabrón.
No parece amor, ni siquiera se siente el deseo o la pasión,
son vivencias, problemáticas, deseosas, escondidas,
sin fruto, sin destino, asumiendo vivir.
Estos riesgos le (me) mataran, ¿Cuánto más putísima vida?
Tal parece que nací para aferrarme a los amores de versos,
a vivir de poesías llenas de desamor, a escribirle a quien no leerá,
seguramente este es el único amor que he conocido, un hasta pronto.