Lejanías.
Han pasado, por primera vez, veinticuatro otras sin usted.
Desde entonces, la inercia me consume, me destruye.
A su merced, todo le entregué, tal vez fallé, me precipité.
Ofendidos entre sinceridad, tontos, vulnerables.
Desperté con lágrimas rodeando lo que antes solía
ser su cobija, añoré un beso más, una sonrisa.
Pareció firme y sin piedad, no dio vuelta,
no encontró remedio, no encontro valentía.
Entre odio, desilusión y poca hombría,
cortó, se despidió, y juró siempre me tendría.
Ahora cuestiona mi rebeldía, se angustia,
culpa mi lejanía, deteriora mi simpatía.
La tempestad, lo nublado, lo inesperado nos ha matado.
No hubo intención de morir, pero cada palabra caló hondo.
Toco espinas intocables, sin entender, destilando odio,
me hizo odiado de su pensar, pero amado eterno.
Corriendo buscando auxilio, buscando exilio,
me ha mentido, me ha herido, y ahora, sin sentido,
acabó conmigo. Dejó mi soledad, dejó mi egoísmo.
Armó y desarmó mi alma, la quiso, y la destruyó.
Desde entonces, no sé si hablo de usted o de mí,
no sé de dónde vengo, tampoco como caí.
Me tocó huir, me toco sufrir, encima, me llamas vil.
Entre búsquedas, lágrimas y culpables, hostil.
Ofensas de apertura, y orgasmos con media luna,
entonces, no sabía cuándo besarte, decía.
Todo de una parte, todo por varios cobardes.
Insisto, ofendido, tímido y extenuante.
Indudablemente confundidos, pensando,
si hablo ahora de mí, o es su mente,
en letanía, en agonía, suprimido,
impulsado, odiado y deseado, amante.
Desde entonces, la inercia me consume, me destruye.
A su merced, todo le entregué, tal vez fallé, me precipité.
Ofendidos entre sinceridad, tontos, vulnerables.
Desperté con lágrimas rodeando lo que antes solía
ser su cobija, añoré un beso más, una sonrisa.
Pareció firme y sin piedad, no dio vuelta,
no encontró remedio, no encontro valentía.
Entre odio, desilusión y poca hombría,
cortó, se despidió, y juró siempre me tendría.
Ahora cuestiona mi rebeldía, se angustia,
culpa mi lejanía, deteriora mi simpatía.
La tempestad, lo nublado, lo inesperado nos ha matado.
No hubo intención de morir, pero cada palabra caló hondo.
Toco espinas intocables, sin entender, destilando odio,
me hizo odiado de su pensar, pero amado eterno.
Corriendo buscando auxilio, buscando exilio,
me ha mentido, me ha herido, y ahora, sin sentido,
acabó conmigo. Dejó mi soledad, dejó mi egoísmo.
Armó y desarmó mi alma, la quiso, y la destruyó.
Desde entonces, no sé si hablo de usted o de mí,
no sé de dónde vengo, tampoco como caí.
Me tocó huir, me toco sufrir, encima, me llamas vil.
Entre búsquedas, lágrimas y culpables, hostil.
Ofensas de apertura, y orgasmos con media luna,
entonces, no sabía cuándo besarte, decía.
Todo de una parte, todo por varios cobardes.
Insisto, ofendido, tímido y extenuante.
Indudablemente confundidos, pensando,
si hablo ahora de mí, o es su mente,
en letanía, en agonía, suprimido,
impulsado, odiado y deseado, amante.