A mis amigos soñadores.
Hace más de un mes me ausento por aquí,
parece que he dejado de sufrir, y de paso la inspiración a escribir.
Llevo más de doce horas despierto, y durante todo el acontecer de un día poco ajetreado de verano, mi mente ha estado tentada escribirle a mis amigos soñadores, o a mi. No sé que saldrá, me disculpo, solo he pensado en esto todo el día, me he sentido incompleto, y lo necesito. Un abrazo a su decepción.
Por nosotros, que soñamos infinitamente y vivimos de sueños, anhelamos que la realidad sea sueños, y un poco más cuando nos va mal. Aunque bueno, a eso bien le llamaríamos pesadilla.
No vengo aquí a hablar de pesadillas igualmente, vengo a compartir con ustedes lo bonito que vemos la vida los que soñamos.
Hace mucho soñaba, por ejemplo, con estudiar en donde estudio hoy. Sin hacer que esto sea un diario, confieso de inmediato, ha sido uno de mis mejores sueños realizados. Hace unos días terminé un semestre más, tal vez el más fuerte de todos, sí, ya he dicho esto antes, pero los retos aumentan cada vez más. Por esta vez, veintiún créditos, dos cursos a brindar, y un extra como coordinador. Reto afrontado, y culminado con mucho éxito. Sin más: con esto me lleno de aliento y me inspiro a continuar.
Con dos décadas de vida, he conocido el amor, he conocido el sufrimiento, he conocido la muerte, y mejor que lo demás, aprendí a soñar y a volar. La pasada madrugada celebraba mis notas, le dejaba una carta a mis padres, agradecido por su confianza, libertad y educación, y ahora, me siento y recuerdo igualmente, he volado lejos, y he soñado demasiado, pero nunca es suficiente, me repito: ¡Vamos a soñar un poco más!
Entre un sueño y otro, coincido con soñadores que me encantan. A veces se llaman amigos, a veces amores, incluso, en ocasiones me desagradan. Los mismos sueños me recuerdan lo difícil que es perder una de estas dos cosas vitales en la vida de este joven sin rumbo pero con metas. Al desamor, en vida y en sueño, incondicionalmente le agradezco mis mejores versos, mis mejores palabras, mis más puros sentimientos. A las amistades perdidas, les culpo de mi frialdad, de mi silencio, de mis tiempos definidos. Me culpo a mi, igualmente, la intolerancia, la juventud, la falta de buenas decisiones, y todo lo demás.
Ahora bien, mi felicidad no se acaba, tengo mucha salud, como nunca antes, en menos de dos semanas serán tres años de mi última decaída y estoy feliz, muy feliz. Soñé mucho con superar este gran obstáculo, cambié mi estilo de vida, mejores cosas llegaron. Vida y amor.
Luego de mucho tiempo en descarado sufrimiento amoroso, hace algún tiempo también me he sentido feliz, superado, y con mucho ánimo. No negaré sufrir a veces me gusta, es cuando más visito este espacio, cuando mejor me salen las cosas, pero ya se me acabó. Entre un rumbo y otro, he coincidido con lo que nunca he soñado, cuanto me he sorprendido, y no sé, no me he enamorado, soy honesto, me la paso soñando despierto.
Sé que más de uno sueña despierto igual que yo, se que muchos nos transportamos a tiempos extraños, y coincidimos con lo que siempre soñamos, cartas, amor a la antigua, cosas tontas. Coincidir con alguien igual a uno en este aspecto sonaba a mentira y a sueños, pero ha sido mi realidad últimamente. No existe nada diseñado a mi medida, a veces me canso muy rápido, o lo regalo todo y me dejan en pedazos, esta vez no descarto que alguna de las anteriores suceda, estoy viviendo ilusionado, pero conmigo, hace mucho aprendí a que mi felicidad dependía de mi, pero qué difícil es soñar y vivir esto.
Ahora, con mis amigos soñadores, los que inhalamos poesía y exhalamos texto, cuánto hemos crecido, cuánto hemos aprendido. Vidas y desamores, muchos títulos, sin sentido los míos, cuántos amores, cuántos olvidos. Quisiera no ser el único que se lee y recuerda a quien le escribió, pero bueno, estos secretos se van conmigo hasta los diez mil infiernos que debo recorrer. Confieso, estoy enamorado, de ustedes, de mi, de la vida, de todo lo bonito. He aprendido a vivir mejor, a ser feliz, y sobre todo, a ser un mejor yo.
Alguna noche, a las once con cincuenta y uno, Ramón se despide. Abrazo, lector.
parece que he dejado de sufrir, y de paso la inspiración a escribir.
Llevo más de doce horas despierto, y durante todo el acontecer de un día poco ajetreado de verano, mi mente ha estado tentada escribirle a mis amigos soñadores, o a mi. No sé que saldrá, me disculpo, solo he pensado en esto todo el día, me he sentido incompleto, y lo necesito. Un abrazo a su decepción.
Por nosotros, que soñamos infinitamente y vivimos de sueños, anhelamos que la realidad sea sueños, y un poco más cuando nos va mal. Aunque bueno, a eso bien le llamaríamos pesadilla.
No vengo aquí a hablar de pesadillas igualmente, vengo a compartir con ustedes lo bonito que vemos la vida los que soñamos.
Hace mucho soñaba, por ejemplo, con estudiar en donde estudio hoy. Sin hacer que esto sea un diario, confieso de inmediato, ha sido uno de mis mejores sueños realizados. Hace unos días terminé un semestre más, tal vez el más fuerte de todos, sí, ya he dicho esto antes, pero los retos aumentan cada vez más. Por esta vez, veintiún créditos, dos cursos a brindar, y un extra como coordinador. Reto afrontado, y culminado con mucho éxito. Sin más: con esto me lleno de aliento y me inspiro a continuar.
Con dos décadas de vida, he conocido el amor, he conocido el sufrimiento, he conocido la muerte, y mejor que lo demás, aprendí a soñar y a volar. La pasada madrugada celebraba mis notas, le dejaba una carta a mis padres, agradecido por su confianza, libertad y educación, y ahora, me siento y recuerdo igualmente, he volado lejos, y he soñado demasiado, pero nunca es suficiente, me repito: ¡Vamos a soñar un poco más!
Entre un sueño y otro, coincido con soñadores que me encantan. A veces se llaman amigos, a veces amores, incluso, en ocasiones me desagradan. Los mismos sueños me recuerdan lo difícil que es perder una de estas dos cosas vitales en la vida de este joven sin rumbo pero con metas. Al desamor, en vida y en sueño, incondicionalmente le agradezco mis mejores versos, mis mejores palabras, mis más puros sentimientos. A las amistades perdidas, les culpo de mi frialdad, de mi silencio, de mis tiempos definidos. Me culpo a mi, igualmente, la intolerancia, la juventud, la falta de buenas decisiones, y todo lo demás.
Ahora bien, mi felicidad no se acaba, tengo mucha salud, como nunca antes, en menos de dos semanas serán tres años de mi última decaída y estoy feliz, muy feliz. Soñé mucho con superar este gran obstáculo, cambié mi estilo de vida, mejores cosas llegaron. Vida y amor.
Luego de mucho tiempo en descarado sufrimiento amoroso, hace algún tiempo también me he sentido feliz, superado, y con mucho ánimo. No negaré sufrir a veces me gusta, es cuando más visito este espacio, cuando mejor me salen las cosas, pero ya se me acabó. Entre un rumbo y otro, he coincidido con lo que nunca he soñado, cuanto me he sorprendido, y no sé, no me he enamorado, soy honesto, me la paso soñando despierto.
Sé que más de uno sueña despierto igual que yo, se que muchos nos transportamos a tiempos extraños, y coincidimos con lo que siempre soñamos, cartas, amor a la antigua, cosas tontas. Coincidir con alguien igual a uno en este aspecto sonaba a mentira y a sueños, pero ha sido mi realidad últimamente. No existe nada diseñado a mi medida, a veces me canso muy rápido, o lo regalo todo y me dejan en pedazos, esta vez no descarto que alguna de las anteriores suceda, estoy viviendo ilusionado, pero conmigo, hace mucho aprendí a que mi felicidad dependía de mi, pero qué difícil es soñar y vivir esto.
Ahora, con mis amigos soñadores, los que inhalamos poesía y exhalamos texto, cuánto hemos crecido, cuánto hemos aprendido. Vidas y desamores, muchos títulos, sin sentido los míos, cuántos amores, cuántos olvidos. Quisiera no ser el único que se lee y recuerda a quien le escribió, pero bueno, estos secretos se van conmigo hasta los diez mil infiernos que debo recorrer. Confieso, estoy enamorado, de ustedes, de mi, de la vida, de todo lo bonito. He aprendido a vivir mejor, a ser feliz, y sobre todo, a ser un mejor yo.
Alguna noche, a las once con cincuenta y uno, Ramón se despide. Abrazo, lector.