Amores del tiempo
Hazañas del tiempo, amores y dolores. Hace cierto tiempo me he topado con un aparente amor, o con un gran peñón. Los escritores estamos jodidos, poetas, ensayistas, periodistas, sentimos amor, creamos ilusión, escribimos, lloramos, escribimos, y he aquí cuando sentimos que hemos tenido mil amores por algunos cincuenta poemas, y otras diez cartas escondidas. Todos han sido fallidos, y ahora, una vez más, te encuentras, apendejado, frente al computador, o con papel y lápiz, una vez más, escribiéndole al amor, pensando en alguien, suspirando por unas manos gruesas o finas, pero que te revuelven hasta el dedo pequeño del pie.
Está quien dedica canciones, de esos me excluyo y no pretendo ser menos pendejo, soy un romántico escondido en seriedad y dos o tres buenas repugnancias, pero no me atrevo a eso, y mucho menos si se trata de mi hombre. Es de madrugada, escucho su nuevo sencillo, concuerda con mi vida y la de este aparente amor, sin embargo, ¿cómo dedicarla? mejor ni pensarlo, eso suena a suicidio. Intentando no seguir pensando en la canción, me encuentro, teniéndola en repetir, mientras escribo estas líneas y me imagino un futuro con un aparente amor que me mantiene aterrado.
A decir verdad, he perdido un poco el miedo, me consta que le intereso y gusto, más que palabras han sido actos, pero vamos, los pendejos sabemos que enamorarse cuesta, o es tan fácil que lo que cuesta es el olvido, aunque, sin esos desamores, poemas no tendría. Hace un poco más de un mes comenzamos a escribirnos, y sucedió algo que hace mucho no me sucedía, podía conversar día, noche, entre sueños, y en medio de mis rutinas, sin cansarme, sin forzarnos, y con mucho agrado. No lo tomé como una buena señal, pero vamos, la señal llegó cuando sin darme cuenta incluía algo de su persona en mis conversaciones con mi amiga, la sufrida, tan insolente e insensato, creo que me estaba cegando.
El tiempo lo siento entre mis dedos, entre mis pestañas, me explico, no siento que transcurre, pero está sucediendo todo, me estoy consumiendo, me estoy perdiendo, ¡Qué ricas son estas sensaciones en la madrugada! Su cuerpo descansa, el mío le aclama, de dos mundos distintos, lo mejor que ha de coincidir. He perdido muchas veces, y les confieso, esta vez no quisiera escribir un capítulo nuevo de 'Amor Perdido', o tener que elegir un nuevo patético título para otra historia que no funcionó, me destruyó y me mató.
Esta vez, no sé si soy yo, es el verano, son los encantos, pero por hoy, quiero escribir mi historia de amor, lo verídico y bonito de vivir, vamos, estoy sintiéndolo, me están queriendo. No sé si son los bonitos ojos color café, ay, que patético, o tal vez la forma en que a través de los cristales que sus espejuelos forman me mira, algo será, no me intimida, y no jugamos a seducir, pero mis pelos se erizan, mis manos se enfrían, y que me digan qué será, porque lo sigo pensando, me estoy perdiendo, colegas.
El otro día, en un café, el café no hizo falta, las palabras sobraron, pasaron horas conversando, pasaron muchos instantes mirándonos, y fue entonces que pensé, ¿Qué carajo me sucede? Vine a un café por café, por coincidir, porque es la excusa perfecta para una buena conversación, pero el amor me golpeó, el amor fue la excusa para el café, y ahora, con varios días de pensamiento, me enamoro solo de volver a verle, escucharle o sentirle.
Deseos infinitos de abrazos, tímidas formas de decirlos, y claro, cómo no morir cuando estoy soñando despierto. Sus manos han de ser mi nuevo mapa, me he de perder, o ya me perdí. Abrazo, lector.
Está quien dedica canciones, de esos me excluyo y no pretendo ser menos pendejo, soy un romántico escondido en seriedad y dos o tres buenas repugnancias, pero no me atrevo a eso, y mucho menos si se trata de mi hombre. Es de madrugada, escucho su nuevo sencillo, concuerda con mi vida y la de este aparente amor, sin embargo, ¿cómo dedicarla? mejor ni pensarlo, eso suena a suicidio. Intentando no seguir pensando en la canción, me encuentro, teniéndola en repetir, mientras escribo estas líneas y me imagino un futuro con un aparente amor que me mantiene aterrado.
A decir verdad, he perdido un poco el miedo, me consta que le intereso y gusto, más que palabras han sido actos, pero vamos, los pendejos sabemos que enamorarse cuesta, o es tan fácil que lo que cuesta es el olvido, aunque, sin esos desamores, poemas no tendría. Hace un poco más de un mes comenzamos a escribirnos, y sucedió algo que hace mucho no me sucedía, podía conversar día, noche, entre sueños, y en medio de mis rutinas, sin cansarme, sin forzarnos, y con mucho agrado. No lo tomé como una buena señal, pero vamos, la señal llegó cuando sin darme cuenta incluía algo de su persona en mis conversaciones con mi amiga, la sufrida, tan insolente e insensato, creo que me estaba cegando.
El tiempo lo siento entre mis dedos, entre mis pestañas, me explico, no siento que transcurre, pero está sucediendo todo, me estoy consumiendo, me estoy perdiendo, ¡Qué ricas son estas sensaciones en la madrugada! Su cuerpo descansa, el mío le aclama, de dos mundos distintos, lo mejor que ha de coincidir. He perdido muchas veces, y les confieso, esta vez no quisiera escribir un capítulo nuevo de 'Amor Perdido', o tener que elegir un nuevo patético título para otra historia que no funcionó, me destruyó y me mató.
Esta vez, no sé si soy yo, es el verano, son los encantos, pero por hoy, quiero escribir mi historia de amor, lo verídico y bonito de vivir, vamos, estoy sintiéndolo, me están queriendo. No sé si son los bonitos ojos color café, ay, que patético, o tal vez la forma en que a través de los cristales que sus espejuelos forman me mira, algo será, no me intimida, y no jugamos a seducir, pero mis pelos se erizan, mis manos se enfrían, y que me digan qué será, porque lo sigo pensando, me estoy perdiendo, colegas.
El otro día, en un café, el café no hizo falta, las palabras sobraron, pasaron horas conversando, pasaron muchos instantes mirándonos, y fue entonces que pensé, ¿Qué carajo me sucede? Vine a un café por café, por coincidir, porque es la excusa perfecta para una buena conversación, pero el amor me golpeó, el amor fue la excusa para el café, y ahora, con varios días de pensamiento, me enamoro solo de volver a verle, escucharle o sentirle.
Deseos infinitos de abrazos, tímidas formas de decirlos, y claro, cómo no morir cuando estoy soñando despierto. Sus manos han de ser mi nuevo mapa, me he de perder, o ya me perdí. Abrazo, lector.