Café negro.
Eran las doce de la media noche,
entre silencio y soledad, una taza de café.
Negro como la misma noche,
exquisito como aquellas manos.
Justamente un pensamiento sobre ese ser,
¿Por qué tanto le querré?
¿Será que me enamoré?
Interrogantes y tertulias,
rosas muertas en el camino.
Ha de ser un amor amargo, mas uno casi eterno.
Son poetas amándose, en silencio,
en lo prohibido.
Un café negro diluye el dolor del sentimiento.
Ese mismo café aumenta los deseos eternos.
Ni en lo sexuado he de pensar,
pero jamás me deja de excitar.
Han sido noches de bonito besar,
serán días e infiernos que jamás olvidarán.
Poetas del infierno y la infidelidad,
un enamorado, dos engañados,
dolores y pasiones a exiliar.
[4 de octubre de 2016]